Placeholder imagePlaceholder image

En el taller de Dora Gabay, en una apacible calle en las afueras de El Hatillo, las gordas bailan tambor, hacen arepas sazonadas con sonrisas, desgranan cacao con manos dulces, cantan y silban con cotorras emplumadas de colores o, simplemente, se sientan a escucharte.
Siempre cerca, zanqueros y acróbatas despliegan globos, flores, barquitos de papel y emociones entre otras maravillas, en espacios donde la resina y el bronce son mucho más que esculturas, son universos en actividad; porque en el taller de Dora Gabay cada paso es de allí mismo, desde la selección esmerada de los insumos hasta el modelado y la fundición son nativos de esa patria de maravillas rebosantes de humanidad, expresiones y formas en detalle. .